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Desarrollo Sensorio-Motor, desarrollo motor y su aplicación al tratamiento

“Aprendemos a través de la sensación, no aprendemos movimientos, sino que aprendemos la sensación del movimiento”

El movimiento es el cambio espacial de las articulaciones o partes del cuerpo, efectuado por activación muscular, entender el concepto de movimiento es de vital importancia en terapia física, ya que los objetivos de tratamiento se centran en buena medida en restablecer la amplitud y normalidad del movimiento de las estructuras del cuerpo, que van poco a poco perdiéndose y/o alterándose.

Aprender a moverse significa adquirir la capacidad de responder a demandas del entorno, para realizar alguna actividad funcional, por ejemplo, si estimulamos a un niño sensorialmente, el deberá modificar su tono para poder controlar la cabeza y tener la suficiente fuerza para levantarla y buscar la fuente de estimulación, posteriormente realizará una actividad orientada a un objetivo como tomar el juguete, explorarlo y jugar con él.

Este aprendizaje esta basado en la experiencia sensorio-motora es decir, el niño utiliza los sentidos: tacto, visión, audición y gusto, para interactuar con su entorno, conocer su cuerpo y desarrollar su esquema corporal, lo que le permite aprender a usarlo y crear movimiento.

Conoce sus manos y dedos, llevándolos a la boca y juntando sus manos
Aprende sobre texturas, formas y temperatura, tocando objetos y llevándolos a la boca
Aprende sobre sus labios y lengua a través de sus manos y de la alimentación
Aprende sobre su tamaño al alcanzar un objeto o gatear
Aprende sobre su entorno moviéndose, rodando, arrastrándose, gateando y caminando, al mismo tiempo que desarrolla la percepción espacial y temporal.
Aprende a salir de situaciones incómodas con sus reacciones de enderezamiento
Aprende a ajustarse a cambios del centro de gravedad con sus reacciones de equilibrio y así sentirse seguro.

Los estímulos tienen un papel muy importante en el crecimiento, desarrollo y maduración de un niño, si estos son limitados habrá una repercusión y/o retraso en el aprendizaje y adquisición de habilidades psicomotoras, por el contrario, a un niño estimulado constantemente que se encontrará obteniendo nuevas experiencias, el repetir una actividad hará que el desempeño sea más automático, rápido y regular.

Cuando un niño presenta una patología los movimientos que se desean obtener serán aquellos que se desarrollan durante los primeros dos años de vida.

Ningún movimiento aprendido por el niño es nuevo, sino una continuación de los de la vida intrauterina, los movimientos de un bebé son espontáneos, accidentales y automáticos, esto quiere decir que no tiene un control voluntario lo que cambia gradualmente hasta realizarlos con mayor iniciativa.


Para ejemplificar todo esto, podemos hablar de un niño con parálisis cerebral, el cual presenta afectaciones a diversos niveles, resaltando el movimiento, equilibrio y postura, la integración sensorial se encuentra en gran medida alterada. Dependiendo del tipo de parálisis cerebral variara el grado de afectación y por ende las características particulares de su movimiento, equilibrio y postura.

Gran parte de los niños con parálisis cerebral son aislados del resto, lo que impide una estimulación sensorial adecuada. Hablemos de los niños que pasan gran parte de tiempo acostados o tienen algún impedimento visual como estrabismo, ceguera, etc. Estos niños reciben limitada información visual lo que condiciona dificultades para percibir el tamaño de su cuerpo y posición respecto a su ambiente, el tamaño y forma de los objetos y esto a su vez será una barrera para responder a las demandas de su ambiente, ya que el niño podrá integrar su cuerpo de manera adecuada porque no lo conoce y esto resultará en movimientos con poca calidad.


Terapia física pediátrica esta basada en el juego porque de esta manera los niños aprenden lúdicamente, no ven la terapia como algo doloroso o molesto. Reciben continua información sensorial; Auditiva al hablar con ellos, cantarles. Visual al mostrarle objetos y su cuerpo en alguna posición. Táctil al sentir la superficie bajo sus pies, tomar algo con  las manos, el fin es el mismo que los niños sientan el movimiento y disfruten hacerlo y sobre todo sientan la necesidad de realizarlo.

Debemos tomar en cuenta la edad el niño y el desarrollo motor acorde a cada etapa y favorecer el movimiento normal. 






En conclusión y retomando la frase de apertura es de suma importancia valorar la integridad sensorial de un niño, esto nos permitirá que el estimulo que le brindemos sea correctamente procesad, ya que los sentidos son la vía de entrada de toda la información que el exterior nos brinda y esto le posibilita al cuerpo crear ajustes para adaptarse o protegerse.

Aprender la sensación del movimiento significa que todos nuestros sentidos están activados al momento de realizar un movimiento, así mismo algunos receptores que en conjunto reciben información de la ubicación de nuestro cuerpo en el espacio, si necesitamos modificar alguna postura, nuestro tamaño, si debe ser más rápido o más lento, etc. 

Después de recibir la información esta viaja a centros superiores, como la corteza cerebral, donde se crea un patrón de movimiento, esta información ya procesada viaja de regreso y se crea una respuesta, en este caso de nuestros músculos.

Todo esto podría traducirse a que nuestros sentidos y receptores específicos recuerdan la sensación que se tenía de nuestro cuerpo en un momento específico y evocar esa sensación siempre que sea necesario realizar una actividad motora previamente aprendida.

Así mismo, un niño que presente las adquisiciones motoras esperadas para su edad presentará igualmente un desarrollo cognitivo y de lenguaje acorde, un bajo desarrollo motor se relacionará con dificultades en su desarrollo conceptual.

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